Libera el potencial de tus ondas y olvida para siempre el encrespamiento

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Hay mañanas en las que el espejo devuelve una versión de tu pelo que parece haber pasado la noche en una pelea con la humedad, y justo en ese momento es cuando empiezas a escuchar hablar del método curly Bertamiráns como si fuera una especie de conjuro moderno capaz de transformar el caos capilar en ondas definidas y con movimiento. No es magia, aunque a veces lo parezca, sino una combinación bastante lógica de hidratación, productos adecuados y un corte que respete la forma natural del cabello en lugar de luchar contra ella.

Durante años, muchas personas con pelo ondulado o rizado han tratado su melena como si fuera lisa en potencia, sometiéndola a cepillados intensos, calor excesivo y productos que prometen control a base de dejar el cabello rígido y sin vida. El resultado suele ser una especie de equilibrio inestable entre frizz, falta de definición y la sensación constante de que el pelo nunca termina de quedar bien del todo. Lo interesante del enfoque curly es que parte de aceptar la textura natural y de trabajar con ella, no en su contra, algo que cambia por completo la forma de cuidar y de peinar el cabello.

La hidratación es el primer gran pilar, porque el pelo ondulado tiende a ser más seco por naturaleza, ya que la forma de la fibra dificulta que los aceites naturales del cuero cabelludo se distribuyan de manera uniforme. Utilizar productos sin sulfatos agresivos ni siliconas pesadas permite que el cabello retenga mejor la humedad y que las ondas se formen sin estar recubiertas por capas que las aplastan. Al principio puede resultar extraño, porque el pelo se comporta de forma distinta a lo que uno estaba acostumbrado, pero con el tiempo la diferencia se hace evidente en la suavidad y en la elasticidad.

El corte también juega un papel fundamental, y aquí no vale cualquier tijera ni cualquier técnica. Un corte pensado para cabello rizado tiene en cuenta cómo cae cada mechón en seco, cómo se agrupan las ondas y cómo se distribuye el volumen para evitar el famoso efecto triángulo que tantos quebraderos de cabeza ha dado. Cuando el corte acompaña la forma natural del pelo, el peinado diario se simplifica de manera notable, porque ya no hay que pelearse con mechones rebeldes que no saben dónde colocarse.

La rutina diaria cambia, y con ella la relación con el propio cabello. En lugar de cepillar en seco y romper la forma, se aprende a desenredar con el pelo húmedo y con productos que aportan deslizamiento, a aplicar cremas o geles ligeros que ayudan a definir sin acartonar, y a secar de formas que respetan la estructura de la onda. Esto no significa pasarse horas frente al espejo, sino todo lo contrario, porque una vez que el cabello empieza a responder, el tiempo de arreglo suele reducirse bastante.

Uno de los aspectos más liberadores es dejar de depender del calor para “arreglar” el pelo. Secadores y planchas pasan de ser imprescindibles a convertirse en herramientas ocasionales, lo que se traduce en menos daño acumulado y en una textura cada vez más saludable. El cabello empieza a moverse de forma más natural, con ese balanceo ligero que no se consigue cuando está rígido por productos fijadores o por exceso de temperatura.

También hay un componente de paciencia, porque el pelo necesita tiempo para adaptarse a los nuevos cuidados. Las primeras semanas pueden ser un poco impredecibles, con días buenos y otros en los que parece que nada funciona, pero esa fase de transición forma parte del proceso. A medida que la fibra se va recuperando y que la rutina se ajusta a las necesidades reales del cabello, la regularidad en los resultados se hace más evidente y la frustración inicial se transforma en curiosidad por ver hasta dónde puede llegar la melena.

Lo interesante es que este cambio no es solo estético, sino también práctico. Un cabello bien hidratado y definido se enreda menos, se rompe menos y necesita menos retoques a lo largo del día. Eso significa menos tiempo pendiente del espejo y más libertad para moverse sin preocuparse de cómo va a reaccionar el pelo a la primera ráfaga de viento o a la humedad ambiental, que en nuestra zona no es precisamente un factor menor.

Con el paso del tiempo, muchas personas descubren que su cabello tenía mucho más potencial del que imaginaban, simplemente no estaba recibiendo el tipo de cuidado que necesitaba. Las ondas se vuelven más regulares, el volumen se distribuye mejor y la melena adquiere un aspecto más vivo, menos forzado. Y aunque no todos los días son de anuncio de champú, la diferencia con respecto a la etapa anterior suele ser tan clara que cuesta entender por qué no se empezó antes a tratar el pelo como lo que es, una textura con personalidad propia que, cuando se respeta, responde con movimiento, brillo y una versión bastante más amable de sí misma.