¿Cuándo comenzaron a protegerse los espacios naturales de Galicia?
Después de Andalucía, Galicia es la comunidad autónoma con mayor superficie declarada ‘Reserva de la Biosfera’, un reconocimiento que la Unesco destina a aquellos lugares «que aportan soluciones locales a problemas mundiales» y que concilian, por tanto, «la conservación de la biodiversidad con un uso sostenible». Son muchos los parajes gallegos que responden a esta definición: desde el Parque Nacional Cíes hasta los de Fragas do Eume o Serra da Enciña da Lastra, entre otros.
Con todo, la comunidad gallega se demoró más de medio siglo en legislar y proteger su superficie ‘verde’. Los Pirineos españoles fueron los primeros en tomar conciencia de su valor medioambiental, con la creación del primer parque natural (el de Ordesa y Monte Perdido) a principios del siglo veinte.
En los años setenta, el monte Aloia se convertiría en el primer parque natural de Galicia. Las Islas Atlánticas, y concretamente el archipiélago de las Cíes, seguirían sus pasos, cuando una iniciativa logró su declaración de ‘Patrimonio Cultural’. Hacia el final de la década de los ochenta, fueron catalogadas como ‘Zona de Especial Protección para las Aves’.
Como tal, el Parque Nacional Marítimo-Terrestre de las Islas Atlánticas no vio la luz hasta los primeros años de nuestro siglo, cuando las islas e islotes de las Cíes, Ons, Sálvora y Cortegada se unieron a esta área geográfica de protección. La culminación de su protección se produce en fechas recientes, con la obtención de la Carta Europea de Turismo Sostenible (CET).
Además del citado parque, Galicia posee otros seis espacios que gozan de un estatus elevado de protección ambiental, a saber: el Parque Natural Fragas do Eume y el Parque Natural Complexo Dunar de Corrubedo e Lagoas de Carregal e Vixán, ambos en A Coruña; el Parque Natural O Invernadeiro, el Parque Natural Serra da Enciña da Lastra y el Parque Natural Baixa Limia–Serra do Xurés, todos en Ourense, y el Parque Natural Monte Aloia, en Pontevedra.