Del agua helada al calor de hogar: Cómo encontré (por fin) un técnico de calderas de confianza en Pontevedra

Posted by in Reparación de calderas

Si vives en Pontevedra, sabes que aquí el frío no es solo una temperatura; es una sensación que se te mete en los huesos debido a la humedad. Por eso, cuando tu caldera decide morir un viernes por la tarde en pleno febrero, no es un contratiempo: es una emergencia nacional.

Eso fue exactamente lo que me pasó. Estaba en la ducha, con la cabeza llena de champú, cuando el agua pasó de «agradable tropical» a «glaciar ártico» en cuestión de segundos. La caldera, una vieja compañera de batalla que llevaba tiempo haciendo ruidos extraños, había dicho basta. Salí tiritando, maldiciendo a la Ley de Murphy, y me enfrenté a la temida tarea de buscar un técnico de reparación de calderas en Pontevedra.

El miedo a los «piratas» y las esperas eternas

Mi historial con las reparaciones no era bueno. En el pasado, había lidiado con técnicos que te daban cita «a lo largo del día» (obligándote a estar encerrado en casa sin saber cuándo vendrían), otros que cobraban el desplazamiento a precio de oro solo por mirar, y algunos que, directamente, intentaban venderme una caldera nueva sin ni siquiera abrir la vieja.

Con ese miedo en el cuerpo, empecé a preguntar. En una ciudad pequeña como la nuestra, el boca a boca sigue siendo el rey. Ignoré los anuncios patrocinados de Google y pregunté en el grupo de WhatsApp de la comunidad de vecinos y a un par de compañeros de trabajo. Un nombre se repitió dos veces. «Llámalo, es serio y no te atraca», me dijeron.

La diferencia: Profesionalidad y honestidad

Llamé sin mucha esperanza, esperando que me diera cita para la semana siguiente. Para mi sorpresa, me cogió el teléfono él mismo (nada de centralitas automáticas) y me escuchó. Al describirle el error que marcaba el display, no me dio largas. «Me pilla terminando un aviso en Campolongo, en una hora estoy ahí».

Cumplió. Llegó puntual, con herramientas y, lo más importante, con repuestos. Lo que me ganó no fue solo que arreglara la caldera, sino cómo lo hizo. En lugar de cambiar piezas a lo loco, sacó el multímetro y diagnosticó el problema real: una válvula de tres vías que se había atascado y un sensor sucio.

—Podría cambiarte la pieza entera, pero si la limpiamos y ajustamos, te tira un par de años más sin problema, me dijo.

Esa frase fue música para mis oídos. Estaba acostumbrado a que intentaran inflar la factura, y encontrar a alguien que primara la reparación sobre la sustitución me pareció un milagro.

El resultado: Calor y tranquilidad

En menos de una hora, los radiadores volvían a emitir ese calorcito reconfortante y yo tenía agua caliente de nuevo. La factura fue justa: cobró su mano de obra, el desplazamiento y una pequeña pieza menor. Nada de sorpresas desagradables ni conceptos inventados.

Además, me dio un par de consejos de mantenimiento para purgar los radiadores correctamente, algo que yo llevaba años haciendo mal y que estaba forzando la bomba de la caldera.

Encontrar un buen tecnico reparación de calderas en Pontevedra ha sido como encontrar un tesoro. Ahora sé a quién llamar cuando llegue la revisión obligatoria o si surge otro imprevisto. Ya no tengo ese nudo en el estómago pensando en que me van a engañar. Vivir en las Rías Baixas es maravilloso, pero tener la certeza de que tu casa estará caliente y seca cuando llegues del trabajo, eso es lo que realmente lo convierte en un hogar.