Alimentando tu bienestar, la nutrición para una vida plena
Cuando me dijeron que iba a escribir sobre nutrición Caldas, lo primero que pensé fue en pulpo a feira, empanada de zamburiñas y un buen trozo de roscón. Pero no, aquí toca ponerse serios (con un toque de humor, claro) y hablar de cómo la comida, esa amiga inseparable de la vida gallega, puede convertirse en nuestra mejor medicina o en la causa de que no quepamos en los pantalones después de Navidad.
Porque en Caldas, la gente sabe de buena comida, pero pocos se paran a pensar que la nutrición no es solo lo que comemos, sino cómo, cuándo y en qué cantidades lo hacemos. Es muy fácil desayunar con prisas un café con leche y un trozo de bizcocho, almorzar un bocadillo en el coche y cenar lo que haya en la nevera mientras ves la televisión. Y al final, te preguntas por qué estás cansado todo el día, por qué tienes digestiones pesadas o por qué el azúcar te da picos de energía seguidos de siestas involuntarias a media tarde.
Lo bonito de la nutrición Caldas es que, bien llevada, no significa renunciar al sabor, sino aprender a equilibrarlo. Por ejemplo, ¿sabías que no pasa nada por comer pan, siempre que lo acompañes de proteínas y grasas saludables para ralentizar su absorción y evitar que tu páncreas se vuelva loco produciendo insulina? Así que la próxima vez que te prepares una tosta de pan de maíz, añade un huevo a la plancha y aguacate, y tendrás un desayuno digno de un influencer pero sin postureo.
Otro punto clave es la personalización. Lo que le sienta bien a tu prima delgada como un espárrago puede no funcionarte a ti, y no porque tu metabolismo sea vago, sino porque cada cuerpo tiene su historia, su genética y su ritmo. Por eso los nutricionistas no dan dietas sacadas de una revista, sino que investigan tu estilo de vida, horarios, hábitos y hasta tu nivel de estrés. Porque sí, el estrés también engorda, no porque te hinche mágicamente, sino porque altera hormonas como el cortisol que aumentan la retención de líquidos y estimulan el hambre emocional. Vamos, que si cada vez que discutes con tu jefe acabas en la máquina de chocolatinas, ya sabes a quién culpar (y no, no es al chocolate).
Y qué decir de la hidratación. No, el vino no cuenta como agua, aunque sea de las Rías Baixas. Beber dos litros de agua al día es la base para que tu cuerpo funcione como un motor recién engrasado. Ayuda a tus riñones, mejora la digestión, hidrata la piel y hasta mejora el humor. Piénsalo, ¿no te sientes mejor después de un buen vaso de agua fresca?
La nutrición Caldas también tiene un papel esencial en la prevención de enfermedades. Desde regular la presión arterial hasta controlar el colesterol, pasando por prevenir diabetes tipo 2 y mejorar la salud intestinal. Porque, aunque suene poco glamuroso, la salud digestiva es el verdadero centro de mando de nuestro cuerpo. Si tu intestino está feliz, tu cerebro lo está. Y eso no lo digo yo, lo dice la ciencia, con sus estudios sobre el eje intestino-cerebro que están revolucionando la medicina.
Si alguna vez piensas que comer sano es aburrido, pregúntale a tu nutricionista por nuevas recetas, combinaciones de sabores o técnicas de cocina que mantengan los nutrientes intactos y el sabor al máximo. Porque comer sano no es comer insípido, es comer con consciencia, disfrutando cada bocado y sabiendo que estás dándole a tu cuerpo lo que necesita para rendir, moverte con energía y vivir más y mejor.