Renueva el alma de tu hogar transformando tus accesos con un acabado impecable y duradero

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En mis años como especialista en lacado de puertas A Coruña descubrí que un simple vano puede convertirse en el protagonista de una estancia cuando recibe el tratamiento adecuado: no se trata solo de pintura, sino de un proceso de restauración que recupera maderas desgastadas, corrige imperfecciones y aplica un recubrimiento que abraza cada veta con una apariencia lisa y uniforme. Recuerdo el primer encargo en el que un vestíbulo de tonos grises resultó monótono hasta que sus puertas, tratadas con un lacado satinado color crema, cobraron vida y añadieron luminosidad al paso.

Todo empieza desarmando cada puerta, retirando herrajes y limpiando la superficie con desengrasantes específicos para eliminar restos de barnices antiguos, manchas y polvo acumulado con los años. A continuación, lijo meticulosamente con granos cada vez más finos para uniformar micro desniveles y abrir los poros de la madera, lo que garantiza una adhesión óptima del primer sellador. Esa fase, aparentemente sencilla, es fundamental: de ella depende que la pintura no se agriete ni se desprenda con el tiempo. Mientras trabajo, me gusta describir este momento como el de “desnudar la madera y prepararla para un nuevo vestido”, porque realmente se trata de ofrecerle a la puerta una base limpia y receptiva.

Tras aplicar el sellador —generalmente con pistola de aire comprimido para evitar gotas y marcas— espero el tiempo de secado recomendado, luego vuelvo a lijar de forma ligera para conseguir una textura casi sedosa al tacto. Con esta técnica, cada capa siguiente se asienta de manera uniforme, sin generar estrías ni ampollas. El lacado en sí puede adoptar distintos acabados: mate, para quienes buscan un resultado sobrio y contemporáneo; satinado, si prefieren un equilibrio entre brillo y discreción; brillante, cuando el objetivo es aportar un punto sofisticado y reflejos que den sensación de amplitud.

La elección del tipo de pintura influye en la percepción del espacio. Con un acabado mate, un pasillo largo se vuelve acogedor, mientras que el brillo ayuda a expandir visualmente estancias más pequeñas. En A Coruña, donde la luz natural varía con frecuencia, muchos clientes optan por el acabado satinado: capta la claridad sin deslumbrar y resiste mejor el desgaste de manchas y roce. Además, la paleta de colores se amplía más allá del blanco puro: grises perla, verdes salvia, azules atlántico… Cada tono se mezcla en cabina para lograr la tonalidad exacta solicitada, siguiendo muestras o códigos RAL.

Una vez completado el lacado, reinstalo los marcos y herrajes, ajustando bisagras y tiradores para que el mecanismo de apertura y cierre recupere su suavidad original. Aquel viejísimo picaporte de latón que crujía con cada uso se transforma en un elemento silencioso, casi imperceptible, que se integra a la perfección con el nuevo acabado. El resultado final invita a recorrer el hogar con la mirada y descubrir cada puerta como una pieza de diseño autónoma.

Además de la estética, el lacado protege la madera frente a la humedad y facilita la limpieza diaria: basta un paño ligeramente humedecido para eliminar polvo o huellas. Por eso, esta técnica no solo embellece, sino que prolonga la vida útil de las puertas, evita el agrietamiento y mantiene intacta la belleza original durante años. En una ciudad con clima atlántico, donde la sal y la humedad pueden dañar las superficies, contar con un acabado profesional y duradero hace la diferencia entre puertas que lucen descuidadas y aquellas que parecen recién instaladas.

Trabajar en la ciudad herculina me ha enseñado que cada hogar tiene su carácter, y que el lacado de puertas puede contribuir a reforzar la identidad de los espacios. Un vestíbulo elegante, una cocina moderna o un dormitorio cálido encuentran en unas puertas renovadas ese toque final que armoniza toda la decoración. Así, transformar simples elementos de paso en piezas protagonistas no es solo una cuestión de pintura: es devolver al hogar su alma, consiguiendo un acabado impecable y duradero que perdure en cada roce y cada mirada.